En su boca la saliva comenzaba a escasear, y la sed, presurosa, lo atacaba como un NAPALM en Vietnam. El fuego, saturó su espina distribuyéndose, sin demora alguna, hacia cada Terminal nerviosa de su cuerpo.
Vodka, un té, o tal vez una mente bárbara y rabiosa con aires de atacante a sueldo, podían ser la causantes de su infierno, subtitulado de frases hechas y carcajadas de loco (tal vez demasiado loco, o demasiado real)
No sabía el camino, pero calles ya transitadas le indicaban que no estaba por la vía incorrecta. El camino se estrechaba, y un veneno en el éter comenzó, como insaciable vampiro, a erosionar lentamente la vida y el día.
A pesar del horario rutinario que indicaba el comienzo de la tarde, la luna y sus ojos de estrella taparon el día, como una madre arropa a su niño cernido en abismos de fantasías oníricas. Los árboles se despojaron de sus hojas sabiendo que sin ellas sus problemas se irían.
El mismo veneno toco las puertas de su alma, pero tuvo que entrar por boca, yendo a los pulmones y su cerebro, ¡SI!... ¡A SU CEREBRO!
Otra guerra, el veneno y una mente envenenada por dudas, certezas y crudas realidades. El batallón más grande ganó.
Y así, El, como el árbol se despojo de sus problemas, entonces pudo ser arropado por la noche y cernirse en abismos de fantasías oníricas… Pero despierto, mirando a los ojos a la noche.
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